¿Qué es el estrés térmico?

El estrés térmico es un estado de malestar que se produce cuando la temperatura corporal aumenta o disminuye en exceso.

El estrés térmico se puede producir en el lugar de trabajo, cuando las condiciones ambientales son extremas e impiden que el organismo regule su temperatura adecuadamente.

Junto a las condiciones ambientales, hay otros factores que también influyen, como la actividad física que realiza el trabajador y el tipo de ropa que lleva.

El estrés térmico puede darse tanto por frío como por calor y es perjudicial para la salud, llegando a ocasionar desde un simple catarro hasta golpes de calor, hipotermia, deshidratación o incluso alteraciones de la conducta que pueden acabar provocando accidentes en el trabajo.

No todo el mundo responde igual ante una situación de estrés térmico: depende de las características físicas de cada persona (edad, peso, estado de salud, etc.) y de su capacidad para aclimatarse.

Como acabamos de comentar, el estrés térmico es un estado que se da cuando las circunstancias son extremas.

Sin embargo, en los centros de trabajo es más habitual encontrarse con casos de disconfort térmico, que se produce cuando los trabajadores sienten frío o calor y, por tanto, malestar, pero de una forma más leve aunque suficiente para que afecte al desarrollo de sus tareas.

Para prevenir estos problemas, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE) obliga a mantener en todos los edificios (excepto en los de viviendas) unas condiciones adecuadas de temperatura, humedad y ventilación del aire, estableciendo para ello unos valores límite.

Así, por ejemplo, la temperatura operativa en el verano debe estar entre los 23 y los 25ºC y en invierno entre los 21 y 23ºC , mientras que la humedad relativa debe mantenerse entre un 45 y un 60% en verano y entre un 40 y un 50% en invierno.

En cuanto a la velocidad media del aire en la zona ocupada, se mantendrá dentro de los límites de bienestar, teniendo en cuenta la actividad de las personas y su vestimenta, así como la temperatura del aire y la intensidad de la turbulencia.

Además, de la temperatura, humedad y ventilación, hay otros factores importantes que se deben controlar como la irradiación térmica excesiva, sobre todo la radiación solar a través de ventanas o tabiques acristalados.

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